¿Eres de León?

¿ERES DE LEÓN?

Entonces recordarás y sonreirás

“Si hiciéramos un ranking, por goleada en la sección de gastronomía ganarían las Patatas Blas, los butanos, la cecina, la morcilla sin arroz, los churros al finalizar la noche de San Juan junto a las sopas de ajo, los bocadillos de calamares (que en Madrid se piensan que sólo los comen ellos) y las pipas que comían los “niños pera” en la Plaza de la Pícara, a los maicitos y los jamones (que no nubes).

Por cierto, los jamones quemados con un mechero ¡eran lo mejor del mundo! A las empanadas de hojaldre del Fuensanta. Y a ese pimentón dulce con que condimentamos todo. ¡Ah! ¡Y los Ronchitos! Y esas obleas que comías en Semana Santa viendo pasar a los papones y dándoles la mano con cierto resquemor…

La Estrella Michelín se la daríamos a la Bicha, al Valdesogo (a tope con los vinos peleones), a la Mazmorra y sus menús de cena de fin de curso, al Burguer Kuin (alucinando cuando pedían tu hamburguesa por el micro a la cocina) y al Porrones, esa bodega de dudosa procendencia. Al Copos y su salsa alioli, al Vitaminas y Olimpia, al Benito y al Coto Escolar que nos endulzaba con su pan con miel, la Mejillonera y sus mejillones, al Sotomayor y el Pozo como lugar de banquetes, el Quijote (y su leyenda urbana cuando estuvo cerrado una temporada por caso de hepatitis), las tapas del Agobium, los pinchos de tortilla del “Castillo”, ahora el Móngogo, el kiosko que abrieron en el Húmedo y sus dueños con sus hijos pequeños que también estaban allí hasta las mil y que todos vimos crecer… y a todos con los que soñamos montar un bar de tapas en las ciudades en las que vivimos ahora.

 

Como personajes Honoríficos, llave de la ciudad ya a Ataulfo, el Chori y la Calcetines, las hermanas gemelas octogenarias que paseaban por la Calle Ancha, al Cocacolo, a la mujer indigente que era millonaria, a Gelete y a su novio el mulato, a Contreras y su “Eeeeeeesto es León ninininonononini”, a Mures y su “Susurros y Pellizcos” y su “cita a ciegas”, al del “Acordeón”, a la señorita que ponía la voz en la megafonía de la piscina de La Palomera (jajajaja, con ese post me reí un montón), al tío Caquichu, a la Manola que sale en las procesiones vestida de blanco, a José “Autoservicio del Colchón”, y por supuesto, al de la Bicha…

Como lugares de interés contamos con Las Lomas, lugar desde donde el coche se podían ver las luces de la ciudad a altas horas de la madrugada… Vamos, un picadero en plena naturaleza… El barrio de Corea que tantos temores nos causaron, Las Eras de Renueva como circuito de prácticas, La Plaza de la “Píjara”, Continente (cuando sobrepasó el aforo limitado el primer día que abrieron), el descampado del Corte Inglés (y su charca de ranas), el recinto de karts de Papalaguinda, donde también estaban los coches de choque donde ibas a ligotear, el parque del Cid (donde te dabas el lote entre yonkis), el Parque de Quevedo donde ibas para alimentar a los patos con gusanitos, el Jaito junto al “Jefe” y demás salas de recreativos que frecuentábamos cuando nos “pirábamos” las clases (esto dependía de dónde estudiaras, o no…), el “Todo Siempre” (ese 7eleven a lo leonés), “Gnomos” como sitio de peregrinación para comprar los regalos de cumple, la farmacia de guardia de Ordoño, Municipalia, Dróber (donde te sacaban los ojos cuando comprabas allí), el Mr Pib y el bar de la estación como reducto para “tomar la última”, la Casa de Socorro y su mercromina, el Reloj de Santo Domingo y el BBV (nada de BBVA), como lugar donde quedar. La “Tro-tro-Tropicana” y su cola de guardarropa, Trianón, Mandrágora, el Layla, La Radio, el Andamios, Berlín… La Virgen del Camino donde sólo venden avellanas. Y por supuesto el “Húmedo” .

Un olé por las palabras con sufijos terminados en “-in, -ina”, por las noches de verano con cazadora, por la cantidad de telares y chismes que acumulamos, por las veces que nos mancamos en el elefante de hierro que había en el Parque de San Francisco, por ese 23 de abril y las peregrinaciones a Ikea, por los sábados que íbamos en viaje de ida a vuelta a la playa de San Lorenzo, por ese “Más barato que en Canarias”, por Genarín, por las veces que tenemos que explicar que Zapatero es de Pucela y que el de Inditex es de León, por el Elosua y la Cultural, por esos “voy luego”, por las zapatillas de “Cano Cornejo” y los juquetes del “Barros”, por esos cines que ya no existen, por “NavaYork”, por la tienda de la Judía, por los kioskeros que nos aguantaron cuando fuimos guajes, por el “Euromoda”, por las “luces de los cigarros cuando íbamos al molino”, por ese “Guzman” y allí tienes la estación…

 

Por las nevadas y por esos programas de fiestas de San Juan en los que se repetía la actuación de Norma Duval un año sí y al otro también… Por esos “jambo, que no soy castellano, que soy Cazurro”, por ese traumatólogo que si te operaba en la Clínica San Francisco te dejaba mal para toda la vida, por los helados del Valenciano, las orejas de Carnaval, los pendones y los Gigantes y Cabezudos que tanto miedo daban…
¿Y qué me decís del rastro de antes? El de verdad, el que estaba en la Plaza Mayor, ese será siempre el auténtico.
Morriña de mi pueblo, aunque sea decadente, pero es mi tierra, ¡qué cojones!
Umh… creo que me he liado mucho… Ya voy cerrando la trapa, si eso, que ya marcho…”

(Autor anónimo)